“Con sus temblores y sacudidas, la tierra demostró que no es ella el fondo maternal sobre el que podamos edificar con seguridad nuestras casas y ciudades, nuestras culturas y sistemas religiosos. Con sus temblores y sacudidas, la tierra señaló otro fondo más profundo sobre el que ella misma descansa segura; el amor autoinmolado contra el que han concentrado su hostilidad todos los poderes y todos los valores terrenos, sin que hayan podido vencerlo. Desde el momento en que Jesús, dando un fuerte grito, exhaló su último suspiro y las rocas se rajaron, la tierra dejó de ser el fundamento de lo que sobre ella edificamos. Solo puede tener solidez en la medida en que posea un fondo más profundo; sólo puede perdurar en la medida en que esté enraizada en el mismo fundamento en que se enraíza la cruz.”
Paul Tillich
En esta ocasión les traemos una ponencia presentada en la Cámara de Diputados, en el foro titulado Globalización, tolerancia religiosa y minorías, el día 19 de Abril de 2007.
A cargo del Director de Maná Museo de las Sagradas Escrituras A.C. Cristián Gómez.
Un estudio que nos lleva a la reflexión, través de un enfoque bíblico, acerca de la interacción que tenemos con nuestro entorno, los recursos naturales, los animales, es decir con toda la creación.
Como dice el autor:
Las distintas iglesias cristianas difícilmente se han pronunciado en torno a los problemas ambientales, cuando deberían estar a la vanguardia puesto que el primer libro de la Biblia, el Genesis o Bereshit, afirma categóricamente que “Dios creó los cielos y la tierra” Recordando además que nuestra salvación, así como la de todo el cosmos, se verá manifestada al final de los tiempos. Puedes descargar este estudio Aquí
Introducción
A.W. Tozer: Un “obstáculo para recibir la bendición es el temor del
fanatismo. La repulsión instintiva a los excesos de la carne y a la
conducta necia e indisciplinada, tal como la practican los que profesan
tener las mas elevadas experiencias espirituales, ha apartado a
muchos de los hijos de Dios que tienen hambre espiritual de una
vida de poder... y en su desilusión, juzgan todas las enseñanzas relacionadas
con el Espíritu Santo como parte de una pieza total, y no
quieren nada con ninguna de esas enseñanzas” (“Sendas que conducen
al poder”. Pag. 14).
Miedo
Es verdad. Y ahí creo que podemos vernos identificados.
Viendo las falsas manifestaciones del Espíritu hemos huido de las
verdaderas.
Este era el plan del diablo y en muchos lo ha logrado.
Esto ya sucedía en el siglo II d.C.
En aquella época también había falsos profetas y hartos de esto y
asustados, algunos ya directamente desechaban el don de profecía y
a todo aquel que lo ejerciera. Ireneo de Lyon, discípulo de Policarpo,
quien fuera a su vez discípulo de Juan, escribió al respecto:
"Son realmente unos desgraciados aquellos que, tomando como
pretexto la existencia de falsos profetas, se comportan igual que los
que a causa de la existencia de falsos hermanos, se abstienen de relacionarse
con los verdaderos hermanos. Es normal que fueran este
tipo de personas los que no quisieran recibir ni siquiera al mismo
Apóstol Pablo. Porque éste, en la carta a los Corintios, ha hablado
con precisión de los dones proféticos y reconoce a los hombres y
mujeres que profetizan en la iglesia. Por consiguiente, por estas actitudes,
pecan contra el Espíritu de Dios" ("Contra las herejías", Libro
III, 11:9).
Pablo ya había escrito una advertencia al respecto: 1 Tesalonicenses
5:20
Locuras en nombre del poder
1 Corintios 14:23,27,28
14:23. “locos” (“mainesdse”): “estar en un frenesí descontrolado”
(John MacArthur - “Biblia de Estudio MacArthur”. Pag. 1602).
“Les parecerá una congregación de lunáticos” (“Comentario al texto
griego del NT” - A.T. Robertson. Pag. 453).
Aquí vemos como Pablo cuidaba que los excesos (supuestamente
manifestaciones del Espíritu) en las reuniones no hicieran tropezar
a los nuevos o aun no creyentes.
¿Que diría Pablo al ver las locuras que muchos hacen hoy en nombre
del supuesto “poder de Dios”?
14;27,28. Aquí vemos como es mentira que “darle libertad al Espíritu”
significa gritar como loco todos hablando en lenguas, correr, saltar,
etc....
Alguien puede decir: “Pero es que no podemos apagar al Espíritu.
Fue el Espíritu que me dominó y yo no lo podía parar”.
Eso es mentira. 1 Corintios 14:29-33 14:32. Charles Hodge:
“La palabra ‘espíritu’ se usa en este caso para
designar la influencia divina bajo la cual hablaban los profetas. Dicha
influencia no era de tal naturaleza que anulase el autodominio
de quienes eran objeto de la misma. No los ponía en un estado de
frenesí análogo al de una pitonisa pagana... Los espíritus de los que
profetizaren están sometidos a los profetas, es decir, bajo su control”
(“Comentario de 1 Corintios” - Pag. 279).
La sociedad mexicana cambia, pero el registro de ese cambio tarda en ocurrir. Hace un buen tiempo que pasaron los años del partido político casi único, lo mismo que de la Iglesia (católica) sin contrapartes en el horizonte. Pero en la opinión publicada que tiene cabida en diarios y revistas, y sobre todo en los medios electrónicos, se siguen utilizando expresiones que borran la diversificación religiosa ya bien asentada en el país.
Por todas partes podemos leer encabezados, reportajes, análisis que usan como expresión la Iglesia para referirse a la Iglesia católica. Los autores no consideran necesario usar el calificativo porque presuponen que los lectores saben que sólo hay una institución de la que se ocupan cuando escriben, o la señalan en radio y televisión, y que ella es la Iglesia católica. Las demás creencias, desde la perspectiva hegemónica del catolicismo invisibilizador, caben sin problemas en el costal de las sectas.
La historia de las disidencias religiosas en México demuestra que el dominio de las conciencias por la Iglesia católica nunca fue total. A lo largo de los tres siglos de la Colonia hubo individuos que burlaron el control confesional católico, algunos fueron descubiertos y padecieron juicios inquisitoriales. Otros lograron, bajo el manto protector de la vida privada, guardar sus creencias y transmitirlas en el seno familiar y de algunas amistades cercanas.
En el periodo que va de los primeros años posteriores a la Independencia y la Ley de Libertad de Cultos del 4 de diciembre de 1860, se acrecientan los nacionales que se identifican con credos distintos al catolicismo. Conforman pequeños núcleos a los que la Iglesia católica combate decididamente, pero la persistencia de los disidentes es notable y logran sobrevivir al acoso. Con ello fortalecen las vías de una incipiente diversificación religiosa en el país.
Los misioneros extranjeros que en el último tercio del siglo XIX arriban a México para consolidar iglesias de distintas denominaciones protestantes no crean ex nihilo las comunidades de creyentes evangélicos; sino que potencian lo ya trabajado por nacionales que por distintos caminos habían dado antes los primeros pasos del protestantismo mexicano.
Primero con porcentajes modestos registrados por los censos de población, hasta 1950 los no católicos son una minoría cuya presencia molesta al clero católico, pero que está lejos de disputar el dominio del campo religioso a la creencia tradicional. A partir de 1960 los censos comienzan a mostrar cifras de crecimiento significativo del abanico protestante, y disminución porcentual en las filas del catolicismo. Hace dos décadas dejó de ser cierta la afirmación de que más de 90 por ciento de los mexicanos son católicos. Sin embargo, e incluso en medios críticos del clericalismo católico, se siguen dando por ciertos los números que no tienen asidero en la realidad.
Hoy en México los católicos están más cerca de ser 80 por ciento que del 90 de dos décadas atrás. Por las tendencias, su único horizonte es el decrecimiento constante. En algunas regiones del país la disminución de católicos es muy notable, particularmente en el sur-sureste. Ya es de llamar la atención la lista de municipios donde los católicos son menos de 50 por ciento. No recuerdo algún reportaje escrito, de radio o de televisión que haya documentado el hecho con datos duros y sin referirse despectivamente a quienes eligieron un credo distinto al católico romano.
Las evidencias no debieran dejar dudas de que la sociedad mexicana se está diversificando y que, por tanto, es necesaria mayor sensibilidad entre quienes la documentan y analizan. Es más fácil reproducir clichés y lugares comunes, dar cobertura a las procesiones y actos católicos como muestra de fe y verdadera devoción, que referirse a esos extraños cultos de los pentecostales donde campea el fanatismo. No es fácil trascender los estereotipos, resistirse a estigmatizar al extraño, pero, si en los medios informativos se quiere contribuir a fortalecer la democracia cultural, es impostergable ocuparse de las minorías sin hacerlas objeto de linchamientos simbólicos.
Sobre todo el alto clero católico va a continuar magnificando la fuerza de la religión que encabeza, y obteniendo buenos dividendos políticos para su causa con la colaboración de gobiernos temerosos de contradecir los designios de la Iglesia. Ante esto es necesario exigir a las cautelosas autoridades que están para cumplir las leyes y no para negociarlas con quienes buscan imponer su ética confesional a todos los demás. Del lado de la sociedad hace falta hacer justicia a la complejidad que pervive en todos los órdenes de la nación, y aclarar de qué institución se habla cuando se utiliza esa expresión totalizante, la Iglesia.